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segunda-feira, agosto 16, 2004

(Doc.159) LAS LECCIONES DE GIBRALTAR  



RICARDO GARCÍA CÁRCEL.
Catedrático de Historia Moderna. Universidad Autónoma de Barcelona/

EL 14 de agosto de 1714, una flota angloholandesa mandada por los almirantes Rooke y Almundo se apoderó en nombre del archiduque Carlos -pretendiente al trono de España en confrontación con Felipe V de Borbón- de la plaza fuerte de Gibraltar. La celebración del centenario por los gibraltareños y sus protectores, los ingleses, ha generado muchas páginas en este último mes, con no pocos rasgamientos de vestiduras, un notable desasosiego político y hasta alguna apelación al viejo patriotismo exorcizador de la «pérfida Albión». Nada más lejos de mi intención aquí que resucitar el rancio esencialismo hispánico de aquellas efusiones («Gibraltar es una espina clavada en el corazón de España») o aquellas sentencias cargadas de paciencia histórica o, simplemente, de hábito perdedor («Gibraltar caerá cual fruta madura»). Mi intención en este artículo es subrayar lo que podemos aprender de la experiencia histórica de los trescientos años que han pasado desde la conquista de Gibraltar y su estrambote subsiguiente: la abducción de Gibraltar por Inglaterra en el Tratado de Utrecht.

La primera lección que nos sugiere el «caso Gibraltar» es que estamos ante un legado muy concreto de los años del austracismo durante la guerra de Sucesión. No hay que olvidar que la toma de Gibraltar por los austracistas fue el contrapunto a su fracaso ante el sitio de Barcelona en el mismo año 1704. La plaza de Gibraltar la tomó, propiamente, Jorge de Darmstadt, que había sido el último virrey de los catalanes con Carlos II. La pérdida de Gibraltar fue la herencia palpable del austracismo, el movimiento político que se gesta en 1703 y se disolverá de 1701 a 1714 en la Corona de Aragón, con una fugacidad que ha propiciado los sueños nostálgicos de la España que no pudo ser en los últimos tiempos, tan frecuente como inmerecidamente invocados. Gibraltar quedará históricamente como el testimonio más flagrante de los errores políticos del austracismo. Darmstadt tomó posesión de Gibraltar en nombre de Carlos III y ordenó izar la bandera de los Austrias, pero el almirante inglés la sustituyó por la enseña inglesa y, contra las protestas de Darmstadt, tomó posesión de la plaza en nombre de la reina Ana de Inglaterra. La dependencia de Inglaterra del austracismo era absoluta y la interpretación de los intereses de la monarquía española (a la que aspiraba el archiduque Carlos) en clave estrictamente catalana era evidente. La apuesta inversionista del austracismo en Cataluña tuvo su precio. Por otra parte, a la postre, Gibraltar en el tratado de Utrecht se convertiría en el precio que tuvo que pagar Felipe V para que los ingleses dejaran a su suerte a los catalanes frente a las tropas borbónicas incumpliendo, de esa manera, los compromisos contraídos por Inglaterra en el tratado de Génova de 1705. Hay, pues, un pecado original de Gibraltar: su extraño papel de alternativa consolatoria para los austracistas ante el fracaso del sitio a Barcelona, después capitalizada por los ingleses, y de renuncia lampedusiana para los borbónicos para que «todo siguiera igual» y acabara, de una vez por todas, la guerra. La toma de Gibraltar por los ingleses es la evidencia del fracaso político de la alternativa austracista a Felipe V, una alternativa demasiado alienada a los intereses ingleses y demasiado configurada desde el observatorio catalán.

La segunda lección del «caso Gibraltar» nos introduce en otro tema vidrioso: los costes de la soledad hispánica en la política internacional. El irredentismo español respecto a Gibraltar ha sido tan constante como infructuoso, tanto por la vía militar como por la vía diplomática. Militarmente han sido cuatro los intentos de recuperar Gibraltar: el sitio de Tessé de 1705, el del conde de la Torre en 1727, el de Martín Álvarez de Sotomayor en 1779 y el de Luis de Córdoba en 1782, todos ellos saldados con correspondientes fracasos. Para Inglaterra, la defensa de Gibraltar obligó a una inversión de esfuerzo que, según algunos historiadores, propició la independencia de las Trece Colonias norteamericanas, independencia apoyada por Francia y España. Fue el otro precio de Gibraltar. Diplomáticamente, desde Utrecht en adelante, la reivindicación de Gibraltar por España ha sido directamente proporcional a la unilateral ampliación por Inglaterra de sus derechos conquistados en 1704. Lo que se cedió en Utrecht fue la «propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, sin jurisdicción alguna territorial ni comunicación abierta con la región circunvecina de tierra». Felipe V construyó una línea de fortificaciones (cuya construcción concluyó en 1735), pero la guerra de Independencia y ulteriores epidemias (1814, 1829, 1854) sirvieron de coartada para la completa ocupación inglesa del istmo hasta la construcción en 1908 de una verja de separación a 850 metros de los límites fijados en Utrecht. Las aguas jurisdiccionales gibraltareñas, asimismo, se ampliaron hasta comprender las que median entre Gibraltar y punta Mala. La construcción del aeropuerto, proyectado en 1938-1941, fue la culminación de una política inglesa de aprovechamiento de las debilidades españolas. El franquismo, con el cierre de la frontera por parte de Castiella en 1969, las conversaciones diplomáticas durante la Transición de Oreja-Carrington en 1980, durante el gobierno socialista de Morán-Howen en 1984, durante el gobierno Aznar con la política Piqué... sólo han servido, como todos los esfuerzos inútiles, para generar melancolía. Mientras tanto, los abusos en materia militar (atraque de submarinos nucleares), naval (autorización de barcos monocasco), fiscal (blanqueo de dinero) y comercial (práctica sistemática de contrabando) han sido continuos.

De la razón de la fuerza a la evasiva invocación del derecho de autodeterminación de los gibraltareños, Inglaterra ha impuesto siempre su criterio. El fracaso hispánico ante Gibraltar no ha sido sino la prueba irrefutable de la debilidad, de la patética soledad de España en Europa. Ha habido mucha efusión patriótica, mucha reivindicación emocional, pero muy escasa capacidad histórica para la exigencia de los derechos propios. Gibraltar, hoy, más que un problema de España es un problema de Europa y como tal habría que abordarlo. Sólo una España objetivamente fuerte, con conciencia de su poder geoestratégico y político en Europa, podría replantear la situación actual en Gibraltar, contribuir decisivamente a limpiar las alcantarillas de la propia Europa. Ya no en nombre del patriotismo nostálgico, sino de nuestra función en la Europa del siglo XXI.

ABC
16/08/2004



sábado, agosto 14, 2004

(Doc. 158) A Batalha de Aljubarrota 

A Batalha de Aljubarrota de 14 de Agosto de 1385:
Ensinamentos e reflexões sobre o momento actual


(Discurso pronunciado na Capela do Fundador,
no Mosteiro da Batalha, no dia 14 de Agosto de 2001)

A 14 de Agosto de 1385 – no epílogo de uma das mais graves crises políticas sofridas por Portugal na sua quase milenar existência – travou-se uma das batalhas de maior importância da nossa história: A Batalha Real, hoje comummente chamada de Aljubarrota, de que o Mosteiro de Santa Maria da Vitória constitui sublime memorial. Passam agora 616 anos.
Aos que a planearam e aos que nela pelejaram devemos, de um modo decisivo, a nossa Independência. Há, pois, que prestar a todos eles, dos simples peões aos garbosos cavaleiros, do mais humilde dos carregadores de bagagens aos comandantes do exército, a nossa mais sentida homenagem pelo muito que lhes devemos, em especial aos que pereceram em combate pela continuidade da Nação portuguesa. Graças a eles, pôde Portugal conservar a sua Liberdade face ao imperialismo castelhano, a quem apenas nós, Portugueses, nesta faixa ocidental da Península Ibérica, conseguimos resistir. Tenhamos consciência do que vale governarmo-nos a nós próprios, sermos o que queremos ser, mandarmos na nossa terra e gerirmos os nossos destinos. Muitos são os que o compreendem do lado de lá das nossas fronteiras; quase tantos são os que, na Catalunha, no País Basco e na Galiza, nos invejam o estatuto que desde Afonso Henriques conservamos à custa de muito suor, de muito sangue e de muitas lágrimas. Mas não poucos são os que entre nós não entendem o seu eminente significado e a sua excelsa relevância, e que a troco de inconfessáveis vantagens vêm questionando as nossas pretéritas opções pela Independência e tanto vêm fazendo para nos colocar os mesmos grilhões a que em 1383-85 nos pretenderam submeter e que em 1580 lograram, por 60 anos, impor-nos.
Se é lícito e possível da História retirarmos algumas lições, que aprendamos com Aljubarrota e com a Crise Nacional de 1383-85 alguns ensinamentos, que muitos dos homens do presente, mormente aqueles a quem temos entregue o nosso futuro, parecem desconhecer ou querer ignorar.
Da primeira conclusão a tirar, deixou-nos Camões na descrição que fez daquela peleja n’ O Lusíadas uma tristemente imorredoura verdade, lembrada a propósito de Sertório, personagem que de permeio introduziu numa das estrofes do Canto IV:

Ó tu Sertório, ó nobre Coriolano,
Catilina, e vós outros dos antigos
Que contra vossas pátrias, com profano
Coração, vos fizeste inimigos:
Se lá no reino escuro de Sumano
Receberdes gravíssimos castigos
Dizei-lhe que também dos Portugueses
Alguns traidores houve algumas vezes

Tão bem o sabia Nuno Álvares Pereira a ponto de duvidar da defesa de Lisboa, pelos muitos sediciosos que na capital havia – e parece que ainda há – afectos à causa do rei de Castela, razão que o levou a preferir fazer frente ao exército inimigo antes do invasor chegar à cabeça do Reino, mesmo que para isso tenha tido necessidade de desobedecer ao Mestre de Avis, já aclamado Rei nas Cortes de Coimbra algumas semanas antes em boa parte graças à hábil argumentação de um homem de ímpar lucidez e de extremo patriotismo – qualidades quase sempre indissociáveis –, o Doutor João das Regras.
Outras mais lições se aprendem com a história deste acontecimento, que os Portugueses a quem competiu definir e executar a nossa política externa ao longo, de pelo menos, seis centúrias, souberam perscrutar e cuja eficácia se revelou na conservação, assaz difícil, da nossa Independência. Daqueles que duvidaram da sua validade ou, por qualquer motivo, as negligenciaram, colhemos fatidicamente os resultados em 1581: os mesmos ou piores que estão prestes a abater-se sobre nós, como tragédia de que pode não haver remissão, nem Aljubarrota nem Restauração...
Desde Afonso Henriques que se aprendera como não convinha estabelecer alianças, matrimónios régios ou quaisquer submissões com Castela. Nem todos os sucessores cuidaram de seguir tão avisado exemplo. E não tardou muito até que se compreendesse que os apoios externos deveriam chegar-nos de fora da Península e mesmo de fora do continente europeu privilegiando os compromissos com a Inglaterra, numa opção clara por uma política atlântica. As hesitações e tergiversações à volta do casamento de D.ª Beatriz, na base de cujo acontecimento se desencadeou toda a problemática, foram, sobremaneira, eloquentes sobre quem era o aliado e quem era o perigoso inimigo.
D. João I e sua esposa, D.ª Filipa de Lencastre, e os filhos do casal – a «ínclita geração», como se lhe tem chamado –, são o testemunho mais vivo e mais forte de duas opções, primeiro atlantista, anti-peninsular e anti-continental, e logo a seguir também africana em que se fundaram os dois mais sólidos pilares da sobrevivência de Portugal como Estado Independente. Ambas as escolhas orientadoras da nossa vida internacional estão hoje completamente postergadas no essencial. E os seus resultados estão à vista de todos; de todos os que o querem ver. Demasiado evidentes como são, só aos voluntariamente cegos a sua percepção está vedada. E bem diz o nosso Povo que «o pior cego é aquele que não quer ver».
O Povo..., ele que foi outra lição em Aljubarrota, em cujo combate a peonagem teve decisivo papel. O Povo... que também no cerco de Lisboa do ano anterior quase pereceu à míngua de víveres para defender a sua terra e que, nas muitas outras pelejas que bem dentro do País ou na raia com Castela se travaram, enfrentou ataques e ripostou contra as pilhagens e depredações. O Povo que – contra quase todas as elites – esteve pela Pátria, com a Nação, ao lado do Mestre e que nos campos de S. Jorge mostrou insofismavelmente que, quando bem governado por homens briosos e competentes, pode enfrentar Castela, mesmo que duas, três, quatro ou cinco vezes mais forte...

Comemorar a Batalha de Aljubarrota é um imperativo moral.
Homenagear os que nela lutaram em defesa de Portugal é um dever patriótico que amoravelmente cumprimos.
Mas o actual momento que Portugal vive no âmbito internacional e especialmente nas suas relações com Espanha impõe-nos que, aproveitando a esclarecedora luz que o passado projecta sobre o porvir, utilizemos esta ocasião em que recordamos um acontecimento pretérito para analisarmos a situação presente: a gravíssima situação em que o País se encontra, talvez a mais ameaçadora de toda a sua história de quase nove séculos. Não podemos ficar a contemplar uma glória antiga se nos dias de hoje muitos parecem querer aniquilá-la, para concretizar projectos de dominação que os Portugueses tantas vezes recusaram mas que agora assumem formas dissimuladas e feições aliciantes a que uns passivamente não resistem e de que outros, nossos concidadãos..., se afiguram arautos e fautores. E não podemos cair na ilusão de que Aljubarrota é uma batalha terminada. A luta pela independência nacional é uma tarefa de todos os dias: nas nossas casas como educadores e consumidores, nas nossas fábricas e nos nossos campos como produtores, nas nossas escolas e universidades como alunos e professores, e em todos os círculos da nossa vida cívica onde é imperioso estar vigilante, tanto sobre as acções de expansionismo que vêm de Madrid como sobre as Leonores Teles e os Condes Andeiros que em Lisboa ou noutras povoações tomam reiteradamente voz por Castela ou cavilosamente se prestam a servi-la em repetida e interminável aleivosia...
A ameaça castelhana de 1385 frustrou-se e a sua agressão em Aljubarrota foi hábil e tenazmente repelida pelos Portugueses. Mas o perigo não se extinguiu. Permanece bem vivo, porque o imperialismo castelhano ou espanhol tem a persistência como timbre e a perfídia como marca indelével do seu carácter.
Pense-se que, mesmo depois de as tropas invasoras terem sido desbaratadas em Aljubarrota, as hostilidades não cessaram e que várias tréguas e tratados de paz se negociaram e se assinaram até que só em 1431, em Medina del Campo, os membros da Casa de Avis foram reconhecidos por Castela como reis de Portugal. Recordem-se as muitas outras tentativas de anular a dualidade peninsular, alcançada em 1580, tentada em 1801 e em 1807, ou outra vez pretendida depois de 1868 sob o pretexto de uma nova união pessoal na pessoa de D. Fernando ou de D. Luís. Lembrem-se os propósitos anexionistas de Afonso XIII no início do século XX, ou as provas de generalato de Francisco Franco sobre a conquista de Portugal. E leiam-se quase todos os grandes pensadores espanhóis da última centúria, como Menendez y Pelayo, Menendez Pidal, Unamuno, Juan Maragall, Pi y Margall, Sanchez Albornoz, Salvador de Madariaga ou Pedro Sainz-Rodríguez. E observem-se as declarações e posições dos políticos espanhóis do século agora findo, como Alcalá Zamora, Calvo Sotelo, Alejandro Lerroux, José María Gil Robles, Manuel Azaña, Martínez Barrios, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Ibañez Martín, José Féliz de Lequerica, Martín Artajo, Fernando María Castiella, López Redó, Serrano Suñer ou José Antonio Primo de Rivera, e de dezenas e dezenas de outros.
E atente-se no pensamento do homem comum espanhol. Basta-nos uma carta datada de Maio do corrente ano, recebida no secretariado do congresso “O Tratado de Badajoz e Olivença: Dois séculos de relações luso-espanholas”:

Hispania no está completa sin Portugal

Es España la que no está completa desde la secesión de 1.640.
Desde tiempo de los romanos la península ibérica era conocida como Hispania (las dos provincias Citerior y Ulterior). Por tanto lo que hoy conocemos como España no es tal hasta que no se integre Portugal.
Lo absurdo es que existan fronteras en los ríos Miño, Duero, Tajo, Caya, Guadiana y en cualquier otro río peninsular. Son fronteras inventadas. La única frontera española terrestre real son los Pirineos.
Portugal es parte de España (Hispania) y la labor de unificación del gran rey Felipe II fue quebrada por el tribalismo y estrechez de miras de una de las regiones (Portugal).
Todos los reinos peninsulares (hispanos) se integraron: Navarra, Aragón, Castilla, León. Sólo falta Portugal.
Andres Ferrer

Dúvidas sobre os seculares e hodiernos propósitos espanhóis não há. Não pode haver. A geografia da Península Ibérica constitui para nós uma fatalidade e a dualidade política nela existente representa para a Espanha um trauma difícil de tolerar. A «aberração» portuguesa é vista por Madrid como uma amputação à sua almejada totalidade que só deveria ter por limites o mar e os Pirenéus. A independência portuguesa é para Castela um estímulo à secessão do País Basco, da Catalunha e da Galiza que urge eliminar e ao mesmo tempo constitui a diferença entre uma Espanha de segunda linha na Europa e uma potência de primeira grandeza entre os Estados europeus. O desaparecimento de Portugal como Estado independente e a sua integração em Espanha tornaria este país equiparável ou muito aproximado à França, à Itália e à Inglaterra, tanto em dimensão geográfica como em população. Estes são, pois, os dois grandes desideratos da integração de Portugal: acabar de vez com qualquer possibilidade de apoio exterior à autodeterminação das suas províncias inquietas, impondo o poder de Madrid como uma inevitabilidade a todas as nações rebeldes da Ibéria e, ao mesmo tempo, eliminar a diferença de potencial que subsiste entre Madrid, Paris, Roma e Londres. Mas a solução para o problema da passagem da Espanha de uma simples potência europeia para uma potência mundial encontra-se também em Portugal, ou melhor, no que resta do Mundo Português. O objectivo aqui já não é a integração política mas a hegemonia cultural e sobretudo linguística: a expansão da Hispanidade, especialmente no Brasil, mas sem descurar a antiga África portuguesa. Os instrumentos para o conseguir são facilmente identificáveis: a constituição de uma Comunidade Hispano-Americana na qual o português se dilua, para o que está em marcha a adopção do castelhano nas escolas brasileiras, e a cooperação com os PALOP’s, que algumas vezes Madrid está concretizando ao lado de Portugal para facilitar a penetração e dissimular os seus intentos. Para tudo isso, há que estrangular a evolução da CPLP, desiderato em que a Espanha tem recebido um prestimoso apoio francês, por forma a impedir que esta organização possa evoluir no sentido de uma verdadeira Federação de Estados de Língua Portuguesa, projecto totalmente incompatível tanto com a Hispanidade como com a Francofonia. Mas, para tal é imperioso que Portugal ou, pelo menos, as suas elites dirigentes continuem a acreditar que a União Europeia e o seu sucedâneo mais concrescível e perigosamente mais duradouro – a União Ibérica – são os únicos espaços de integração viáveis para Portugal, na justa medida em que aí está a sua inviabilidade como Estado independente e aí reside o seguro aniquilamento de um Portugal livre e autodeterminado, em especial se se avançar para a Europa Federal.
Se dúvidas não há quanto ao permanente projecto espanhol, podem existir quanto a saber se está já alcançado: será que à Grande Espanha ainda falta Portugal? Talvez já não falte muito...
Cerca de 25% do sistema financeiro português pertence directa ou indirectamente a bancos espanhóis. 20% da construção civil é dominada por Espanha. É a Espanha o maior fornecedor de Portugal e desde há pouco o principal cliente, com um défice que nos é desfavorável de 1,2 mil milhões de contos por ano. Em Portugal estão instaladas 3000 empresas espanholas, contra apenas 250 empresas portuguesas radicadas em Espanha. Metade da segurança privada no nosso País é feita por empresas espanholas. A distribuição de publicações periódicas é controlada por uma empresa espanhola. As bancas de jornais estão cheias de periódicos em castelhano que são lidos até pelos quase analfabetos. Sobre o território nacional assiste-se a um domínio de antenas de radiodifusão espanholas que se sobrepõem às frequências portuguesas. As televisões espanholas vêem-se em todo o território português. Em quase todos os órgãos de comunicação social portugueses há participações de jornais espanhóis e em muitos deles há avençados pagos pela Espanha para facilitarem a circulação de certas notícias e impedir a circulação de outras que não interessem à Espanha. Ruas quase inteiras de Lisboa foram adquiridas por imobiliárias espanholas. Multiplicam-se as redes de lojas espanholas e é cada vez mais difícil encontrar produtos portugueses. O que era zona económica exclusiva de Portugal parece estar a transformar-se numa coutada de barcos espanhóis. A frota pesqueira portuguesa ou foi abatida ou foi adquirida por espanhóis. Produtos agrícolas espanhóis, muitas vezes desrespeitando as normas comunitárias, invadem o mercado português, subsidiados pela Espanha e pelos governos regionais, arruinando, com preços ilegalmente abaixo do custo de produção, os agricultores portugueses. Materiais de construção espanhóis entram no nosso País livremente sem IVA fazendo uma ruinosa competição desleal às empresas portuguesas. A Siderurgia Nacional caiu parcialmente em mãos espanholas e já está a ter o mesmo destino de várias outras empresas ex-portuguesas. Depois do aço, a trefilaria nacional está já à espera de ser abatida para que a produção venha de Espanha. Uma negociata, que felizmente está sob inquérito parlamentar, colocou a GALP sob mãos italo-espanholas. Centenas de outros exemplos poderiam ser dados...
Em quase todos este casos, à excepção dos que violam normas internacionais de comércio, a Espanha tem plena legitimidade para fazer o que está a realizar. São as regras a que os Portugueses aceitaram sujeitar-se quando os seus governos, legitimamente eleitos, decidiram entrar no que pouco mais era que uma zona de comércio livre, mas que rapidamente evoluiu para uma união económica e pouco depois para uma união monetária. A Espanha tem rejubilado. Nenhum outro país da União Europeia logrou um domínio tão avassalador sobre o vizinho do lado. E, para mais, a Espanha defende-se, mesmo dos investimentos portugueses, como se viu no caso da ENCE e agora da Hidrocantábrico.
Mas como agem os governantes portugueses face à arremetida espanhola? Umas vezes ficam em silêncio. Outras fingem não ver. Noutros casos vão mais longe, afirmando ao Povo português que está tudo bem e que as relações com Espanha estão excelentes (apesar da violação do espaço aéreo das Selvagens, do desrespeito pelo convénio sobre os rios, da pretensão espanhola de anexação de algumas ilhas do rio Minho, da pilhagem das nossas costas, de Olivença e de muito mais...). Mas, cada vez mais pactuam despudoradamente, sem necessitarem de se ocultar, com o processo de iberização em curso.
Permitiu-se que a Volta à Espanha começasse em Lisboa com os ciclistas escoltados pela Guardia Civil e com a PSP a assistir ao deplorável espectáculo. Colaborou-se activamente na espanholização da Expo 98, na inauguração da qual se fez um miserável espectáculo de vassalagem à Espanha, depois de o comissariado espanhol ter feito a apresentação de um espectáculo em que Fado e Flamenco estavam lado a lado como dois ibéricos irmãos, na qual foi oferecido aos participantes uma pasta em cuja capa estava uma gravura de Filipe II a tomar Lisboa, e cujos cartazes publicitários tinham impresso «Lisboa-Espanha». Pela mesma altura, o Ministro da Defesa de Portugal participou em Madrid no lançamento de um livro sugestivamente intitulado “Exércitos Ibéricos” e, pouco depois, o responsável ministerial pelo turismo afirmava que Portugal e Espanha têm de ser vendidos conjuntamente como pacote turístico. O Ministério da Educação de Portugal adoptou como língua estrangeira o «Espanhol», tendo recentemente recusado dar provimento a uma petição de um grupo de cidadãos para que tal disciplina se chame castelhano, o nome que linguisticamente é mais correcto, que respeita a constituição espanhola e que é a designação que tem em Espanha. Claro que entre castelhano e espanhol, o Ministério da Educação de Portugal prefere o mais comercial, o que garante maior número de inscritos e dá uma ideia imperialista da Espanha, onde o castelhano é apenas uma entre várias línguas. O Primeiro-Ministro de Portugal fala em castelhano, tanto cá como lá, onde foi passar as férias logo que recebeu o primeiro mandato e onde por muito pouco não arranjou noiva. Sua Excelência o Presidente da República concedeu ao Rei Juan Carlos a Ordem da Torre e Espada que só havia sido atribuída a um único estrangeiro, e logo por sinal à Rainha da Inglaterra a antiga aliada... O Embaixador de Portugal em Madrid dá entrevistas que não se distinguem das entrevistas que dá o Embaixador de Espanha em Lisboa e vangloria-se de, assim que chegou à capital espanhola, ter convidado para uma reunião os empresários espanhóis incitando-os a vender os seus produtos em Portugal, quando o normal teria sido um convite aos empresários portugueses para promoverem as suas produções em Espanha. O Ministro dos Negócios Estrangeiros de Portugal, que estremece e se irrita sempre que algum jornalista lhe faz uma pergunta sobre Olivença e que receia envolver-se em tudo o que diga respeito com a questão, visitou alegremente Badajoz onde confraternizou com o Presidente da Junta de Extremadura a 19 de Maio, exactamente na véspera de se comemorarem 200 anos da ocupação de Olivença. Entre os muitos elogios que então fez às relações luso-espanholas, deu como exemplo o processo de construção da nova ponte entre Elvas e Olivença, a mesma que havia sido tomada de assalto pela Guardia Civil em Outubro de 1999 porque a Espanha alegou que as máquinas pisaram solo espanhol, o mesmo é dizer, de Olivença. E o mesmo ministro tentou impedir, em Junho, uma cerimónia de lançamento de um livro sobre Olivença dentro do MNE, obra que, por sinal, até havia sido financiada pelo MNE no início do primeiro mandato, facto que já deveria estar esquecido. Em matéria de Olivença o Primeiro-Ministro não fica atrás do seu Ministro dos Negócios Estrangeiros. Impediu que fosse dado à referida ponte o nome de Humberto Delgado, porque certamente a Espanha, que sabe muito bem o que se passou naquele longínquo dia de 1965, junto à ribeira de Olivença, não gostaria nada de ter em frente de Olivença uma ponte alusiva ao «General Sem Medo», ele que, nos tempos em que era um simples tenente, fundara, juntamente com o oliventino Ventura Ledesma Abrantes, o Grupo dos Amigos de Olivença, uma associação inconveniente por defender a integridade e a independência de Portugal, dois valores que os actuais detentores do poder anseiam erradicar. Pressionou, com êxito, para que Sua Excelência o Presidente da República saísse da Comissão de Honra de um congresso sobre Olivença e as relações luso-espanholas que se realizou em Maio. Mas não se ficou por aqui. Há poucas semanas, o Tribunal Cível de Lisboa proibiu o Estado português de ceder à Espanha a Ponte de N.ª Sr.ª da Ajuda, que liga Elvas a Olivença, declarando expressamente ser Olivença território nacional à luz do Direito Internacional e da Constituição da República Portuguesa. O Governo acabou há poucos dias de recorrer da decisão judicial. A Espanha exigiu e o Governo português cumpriu as ordens de Madrid. Afinal, não declarara o Primeiro-Ministro português, na última Cimeira Luso-Espanhola, que «Portugal e Espanha aproximaram-se de forma irreversível na construção de um destino comum»? E não afirmara um ministro espanhol que a cimeira é cada vez menos internacional e assume cada vez mais o carácter de um conselho de ministros interno? Tudo isto é, pois, coerente com tais ideias e asseverações.
Portugal e Espanha constituem, hoje, uma quase unidade. Aljubarrota, ou tudo o mais que diga respeito à História portuguesa deve ser eliminada do conhecimento e da consciência dos Portugueses. Nesta estratégia se enquadra a supressão do ensino da História de Portugal ao nível secundário onde foi substituída por História da Europa, e na qual os Descobrimentos Portugueses são integrados no estudo dos Impérios Peninsulares. Talvez, mais do que razões pedagógicas, é legítimo pensarmos que é o mesmo propósito que justifica a próxima alteração curricular d’ Os Lusíadas e da obra de Gil Vicente. É o mesmo espírito que explica que dois dos acontecimentos mais relevantes da gesta portuguesa – Aljubarrota e a Restauração – sejam comemorados quase exclusivamente pelas autarquias da Batalha ou de Lisboa, com o supremo desinteresse dos órgãos de soberania. E é o mesmo pensamento que motiva o reduzidíssimo interesse que as instituições oficiais têm votado a diversas efemérides históricas que se celebraram nos últimos anos.

O Povo português, na sua longa tradição histórica de baluarte da nossa Independência continua, na sua grande maioria, fiel a Portugal. Mas uma boa parte tem o seu ânimo entorpecido pelo derrotismo que lhe instilaram, pelo conformismo que lhe injectaram, pela resignação que lhe incutiram. Muitos ainda vivem na ilusão – que os nossos dirigentes forjaram – de que a Espanha já não é uma ameaça, de que a soberania é um valor ultrapassado ou de que a Independência é uma realidade irrelevante.
Contra tudo isto, talvez seja tempo de o escol nacional – composto por todos aqueles que sentem Portugal como ao seu próprio corpo – voltar a denunciar os perigos que corre o Mestre e a expulsar do Paço, Leonor Teles e o Conde Andeiro. E, então, talvez tenhamos necessidade de uma nova Aljubarrota. Podemos é já não ter Portugueses para o novo combate. Esperemos ainda ir a tempo de evitar que D. João de Castela se apodere de Portugal.

Viva a memória de D. João I de Portugal e de Nuno Álvares Pereira!
Viva Aljubarrota!
Viva Portugal!


quinta-feira, agosto 12, 2004

(Doc. 157) ¿CASTILLA O LEÓN? 

ESTÁ visto que el Gobierno que preside José Luis Rodríguez y el partido que lo sustenta, el PSOE, no están dispuestos todavía a limitar la revisión del Estado de las Autonomías emprendida con todas las Comunidades en una suerte de negociación particularizada y a la carta. Hasta ahora nadie en las filas socialistas es capaz de situar el alcance último de las reformas estatutarias, y menos en aquellas autonomías gobernadas por el nacionalismo, como el País Vasco, o lideradas por socialistas que han consolidado su liderazgo con estrategias de fuerte oposición al Estado central, como la Cataluña de Maragall o la Andalucía de Chaves. Sin que aún, pues, se haya despejado esta duda básica de «dónde se va a poner la linde», el horizonte del conflicto autonómico añade ahora un nuevo capítulo con la propuesta del PSOE de devolver a León su personalidad propia, diferenciada de la de Castilla.

La iniciativa socialista, impulsada por el partido en León (algunos de cuyos dirigentes, como el alcalde de la capital, no se recatan en pedir una y otra vez la Autonomía leonesa) y respaldada en buena medida por la dirección regional (al propugnar en su reciente congreso la consideración de «una Comunidad plurirregional») reabre el debate de la división de Castilla y León veintiún años después de que la suma de los dos antiguos reinos se incorporara como Autonomía de las denominadas entonces «de vía lenta» (al amparo del artículo 143 de la Constitución).

Llama la atención que el giro socialista se produzca justo cuando los dos grandes partidos -que pese a haber caído a veces en guiños victimistas rentables en las urnas siempre se han cuidado de no cuestionar la unidad de Castilla y León- comparten la convicción de que la Comunidad ha logrado estos años una estabilidad institucional, una paz social y un desarrollo económico notables, al tiempo que ha alcanzado prácticamente el techo de competencias previsto en su Estatuto de Autonomía. Mucho tiene que ver con el cambio de conducta el oportunismo de un partido que ha visto en la llegada a la Presidencia del Gobierno de su paisano Rodríguez Zapatero la inesperada hora de asaltar uno de los graneros electorales del PP desde que José María Aznar llegó a la Presidencia castellano-leonesa, allá por el año 1987.

La combinación de un discurso leonesista radical con un mimo inversor sin precedentes parece ser la combinación táctica elegida para lograr el objetivo. Veremos si el PSOE no acaba recogiendo las tempestades que ha comenzado a sembrar.

sábado, agosto 07, 2004

(Doc. 156) Protesto ibérico contra novas barragens no rio Minho junta 1500 pessoas 

Pelo menos 1500 portugueses e espanhóis participaram esta manhã, em Melgaço, em dois protestos contra a prevista construção de três barragens no troço internacional do rio Minho, disse o presidente da Câmara, Rui Solheiro.

Um grupo de opositores à construção das barragens desceu o rio Minho em barcos pneumáticos cedidos por uma associação de desportos radicais do Alto Minho e outra da Galiza, num percurso de seis a sete quilómetros, iniciado no centro de Melgaço e terminado na ponte internacional para Arbo.

Um segundo grupo realizou idêntico percurso a pé, nas margens do rio, através da chamada "rota das pesqueiras", áreas preparadas para facilitar a pesca fluvial, explicou Rui Solheiro, eleito pelo PS. Ao protesto associaram-se associações ambientalistas como a Quercus, Liga para a Protecção da Natureza e Corema. Associações culturais, grupos ligados aos desportos radicais e estruturas de pescadores portuguesas e espanholas também participaram na iniciativa, detalhou o autarca.

Segundo o presidente da Câmara, a construção das barragens "põe em causa espécies piscícolas como o sável, a lampreia ou o salmão, e as albufeiras vão submergir centenas de pesqueiras milenares que existem no Minho". Vai provocar-se ainda a alteração do microclima, "pondo em causa a produção do famoso vinho Alvarinho", e "vai acabar-se com as cascatas que permitem desportos radicais", frisou Rui Solheiro.

"É incalculável o prejuízo que as barragens podem provocar e é por isso que manifestamos uma oposição radical à sua construção", sintetizou o autarca raiano.

As três barragens serão construídas por um consórcio luso-espanhol, liderado pela Union Fenosa e com uma participação minoritária (35 por cento) da portuguesa EDP.

O dirigente da Corema José Gualdino disse à Lusa que esta é a segunda tentativa de lançar novas barragens no Minho, tendo sido gorada, em 1990, a construção de um outro aproveitamento hidroeléctrico naquele rio - a barragem de Sela. O rio Minho é já o curso de água ibérico com o maior número de aproveitamentos hidroeléctricos.

Na zona de jurisdição espanhola deste rio, partilhado com Portugal ao longo de 70 quilómetros, há um aproveitamento hidroeléctrico por cada 500 quilómetros quadrados, prevendo-se a construção de mais 30 barragens. Esta densidade de aproveitamentos hidroeléctricos é três vezes superior à de dois outros grandes rios ibéricos, o Douro e o Guadiana, assinala a Nova Cultura da Água (NCA), uma fundação de origem espanhola, notabilizada pela sua oposição ao Plano Hidrológico Espanhol.

Já na zona de jurisdição portuguesa, o Minho e os seus afluentes têm um total de 55 aproveitamentos hidroeléctricos, segundo José Gualdino.

LUSA - Publico.Pt
07/08/2004



segunda-feira, julho 26, 2004

(Doc. 155) CIEN DÍAS DE GOBIERNO 

 
AYER en ABC Rodríguez Zapatero hacía balance de sus cien primeros días como presidente del Gobierno. Un resumen, cómo no, positivo, a su juicio, aunque menos triunfalista que el ofrecido después del Consejo de Ministros en León. Conviene destacar una cuestión fundamental. El nuevo talante era (y es todavía, a efectos retóricos) la seña de identidad del Ejecutivo. Es cierto que Zapatero se muestra correcto en las formas y generoso cuando le parece. Pero el buen estilo se transforma por parte del PSOE en airado comportamiento cuando se refiere al Gobierno anterior. La Comisión sobre el 11-M, la revisión sesgada del asunto Yakolev y, sobre todo, la veda abierta respecto a Aznar expresan un preocupante aire de revancha. La España constitucional goza de prestigio gracias al éxito colectivo alcanzado durante un cuarto de siglo. El cambio político es natural en democracia, pero la persecución del adversario y el ajuste de cuentas están excluidos por definición. Ninguna justificación resulta aceptable: malo si se pretende convalidar así la victoria electoral del 14-M; peor todavía si el objetivo es intimidar a la oposición; pero lo más grave sería, si tal es el caso, el intento de minar la resistencia del PP con vistas a la configuración de un nuevo bloque constituyente. Es exigible que las aguas vuelvan a su cauce mediante el respeto mutuo y la estabilidad institucional.

Después de los cien días, varios ejes capitales de la política socialista están pendientes de definición. En materia territorial, es fácil percibir la sensación de poderío que transmite Maragall y la incomodidad del Gobierno ante los compromisos contraídos con el tripartito catalán. Pero el fondo de la ambiciosa revisión constitucional (modesta, al parecer) y estatutaria está por determinar. El Ejecutivo da largas. Sería tranquilizador escuchar al presidente la precisión exacta de hasta dónde quiere llegar y por qué vía, puesto que la incertidumbre abre un horizonte de inquietud. En política internacional se confirma la imagen de una España situada en tierra de nadie. La salida precipitada de Irak ha dañado la relación con Estados Unidos y es ingenuo confiar en que todo cambie si Kerry gana las elecciones. En Europa, el perfil bajo tiende a ser interpretado como signo de debilidad, en un marco que exige habilidad estratégica. En fin, nada se sabe del supuesto eje París-Berlín-Madrid salvo la promesa inconcreta de una cumbre en septiembre. Nadie ha explicado las ventajas efectivas de esta nueva orientación, cuyo gran beneficiario, por ahora, parece ser -paradójicamente- Marruecos.

No es sencillo calificar el enfoque un tanto errático en política económica. El sentido común de Solbes resulta más tranquilizador que las ocurrencias intervencionistas y la incontinencia de algunos ministros. Pero nada bueno cabe esperar de una huida disfrazada del Pacto de Estabilidad y de la revisión -otra vez- de la herencia popular, poco vulnerable en este punto. Justicia está resultando un ámbito propicio a la contradicción: se dejan de lado problemas reales para practicar una política de imagen, con temas como el aborto o el matrimonio homosexual, junto con un proyecto muy discutido sobre la violencia de género. Suena a maniobra de distracción para buscar cómplices en la izquierda, aislar a la derecha y perturbar las relaciones con la Iglesia. En materia de educación, sólo hay noticia de lo que el Gobierno no quiere hacer: poner en práctica la reforma aprobada por el PP. Más o menos lo mismo cabe decir de medio ambiente y el Plan Hidrológico. Aparecen síntomas inquietantes de sectarismo en cultura, junto con una apuesta injustificada en favor de la «excepción cultural». En general, demasiados tanteos, alguna improvisación y no pocas incoherencias.

Lo importante no son los cien primeros, sino los mil días -más o menos- que nos aguardan de legislatura. La inexperiencia es un mal que se cura con el tiempo cuando no faltan el talento ni el trabajo duro, pero los gestos y las sonrisas no son suficientes.

ABC
26/05/2004


domingo, julho 25, 2004

(Doc. 154) PRIMER BALANCE DE LA GESTIÓN DEL EJECUTIVO 

MIREN LUCÍA BENITO

MADRID.- El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero atraviesa este lunes la línea imaginaria de los 100 días, en la que, desde la época de Roosevelt, se hace el primer balance de la gestión de un presidente. La retirada de las tropas de Irak, la 'abolición' de la LOCE y el PHN han sido las banderas durante estos tres meses de Zapatero en La Moncloa.

ADIÓS AL EJE ATLÁNTICO

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Hay tres cuestiones especialmente relevantes: el acercamiento de España al eje franco-alemán, la mejora de las relaciones con el vecino Marruecos y la aceptación de la nueva resolución de la ONU sobre Irak, a pesar de que no era la que prefería España.

Zapatero ha desandado el camino emprendido por Aznar, desvinculándose de la fuerte relación que existía con EEUU para acercarse a las posiciones defendidas por Francia y Alemania. Además, el Gobierno socialista aceptó el sistema de voto de la doble mayoría en la UE ampliada que Francia y Alemania defendían, aunque con mejoras para los intereses de España. Levantó así el veto a la Constitución Europea, para la que el propio presidente anunció un referéndum que se celebrará previsiblemente en el plazo de un año.

El presidente del Gobierno anunció que las relaciones con Marruecos, en un momento de especial tensión con el mundo islámico, iban a comenzar una "nueva etapa de plena cooperación y diálogo". Lo hizo tras reunirse, a finales de abril en Casablanca con el rey Mohamed VI y con el primer ministro del país, Driss Yetú. Juntos pactaron luchar juntos contra el terrorismo, intensificar las relaciones económicas y combatir la inmigración irregular.

A mediados de abril, el presidente llevó a cabo su principal promesa electoral y anunció la retirada inmediata de las tropas españolas de Irak sin consultarlo con el Consejo de Ministros. Fue una decisión polémica y criticada por la coalición, especialmente desde EEUU. A principios de junio se aprobó la nueva resolución sobre Irak. A pesar de que España había defendido un papel más ambicioso para la ONU, el Gobierno hizo lo mismo que sus nuevos aliados europeos, Francia y Alemania, y aceptó los términos de la resolución .

RELEVO DE LA CÚPULA MILITAR


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Además de la retirada de las tropas de Irak, destacó el cambio de posición en la investigación del accidente del Yak-42, la remodelación de la cúpula militar y la decisión de Zapatero de no volver a enviar tropas a ningún país sin consultar antes con el Parlamento.

El Consejo de Ministros aprobó una remodelación de la cúpula militar en medio de la polémica sobre los errores en la identificación de los cuerpos del accidente del Yak-42, a pesar de que el ministro de Defensa, José Bono, desvinculara el relevo con ese asunto.

A principios de julio, durante su comparecencia para explicar el despliegue de efectivos a Afganistán y Haití, Zapatero anunciaba en el Congreso su intención de reformar la ley para que los envíos de envergadura de tropas al extranjero deban ser ratificados siempre por el Parlamento .

LA DISCRIMINACIÓN POSITIVA, AL CÓDIGO PENAL


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La Ley Integral contra la Violencia de Género y, la legalización de los matrimonios homosexuales son las grandes propuestas del Partido Socialista, también las que más debate han suscitado.

El Consejo de Ministros aprobó el texto de la Ley Integral contra la Violencia de Género el 25 de junio. Penas más fuertes para los agresores, juzgados especiales para las víctimas y una defensa a ultranza de la discriminación positiva forman la columna vertebral de este proyecto, que ha levantado polémica desde el principio y sin duda seguirá haciéndolo durante su tramitación en el Parlamento. El informe desfavorable del CGPJ así lo demostró.

La regulación de las parejas de hecho y los matrimonios entre personas del mismo sexo también ha comenzado a tomar forma. El PSOE anunció además que en septiembre remitirá a la Cámara un proyecto de Ley para que los matrimonios gays sean legales a principios del 2005, lo que propició un intenso debate con la Conferencia Episcopal.

EL DÉFICIT CERO YA NO ES DOGMA DE FE

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Pedro Solbes se ha convertido en el referente económico del Gobierno desde su vicepresidencia segunda. Su principal actuación, a falta de unos presupuestos propios, ha sido dejar claro que la política del déficit cero año a año se acabó. De hecho, ha anunciado déficit ya para este ejercicio.
Pero quienes más han sufrido la disciplina económica de Solbes han sido sus propios compañeros de Ejecutivo, a quienes ha reconvenido ante el mínimo anuncio que suponga una alegría presupuestaria.

EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA


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¿El Gobierno pondrá 180.000 viviendas en el mercado para frenar la escalada de precios? Así lo entendieron los ciudadanos durante la campaña electoral, pero no.

El debate acerca de si la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, había prometido 180.000 viviendas o 180.000 actuaciones urbanísticas, ella misma lo zanjó al afirmar en el Senado que "180.000 familias españolas tendrán acceso anualmente a 180.000 viviendas". Así de claro, o no.

Otro anuncio de Trujillo fue que concederá 240 euros mensuales a los menores de 35 años con dificultades para acceder a una vivienda. Del mismo modo, anunciaba que los propietarios que necesitasen rehabilitar su casa para alquilarla podrían recibir hasta 6.000 euros en ayudas.

EL AGUA Y LAS DOS ESPAÑAS


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La ‘guerra del agua’ se convirtió en un asunto de todo o nada entre PP y PSOE. Como en tiempos de la alternancia de Cánovas y Sagasta, todo el proyecto ‘popular’ caerá.

El Gobierno ha abordado en el último mes la aprobación en el Consejo de Ministros de un decreto-ley por el que se modifica el Plan Hidrológico Nacional y se derogan los artículos correspondientes a las transferencias de agua entre el Bajo Ebro y las cuencas hidrológicas de Cataluña, del Júcar, del Segura y del Sur. En su lugar, el Gobierno ha aprobado 100 medidas alternativas cuyo coste será 400 millones inferior al presupuestado para el trasvase, incluyendo nueve millones de indemnización por paralizar los dos tramos ya adjudicados.

A principios de mayo, Alonso opinaba que el Estado debería controlar que no se aprovechase la libertad religiosa en las mezquitas para fines terroristas. Pero no llegó a llevarse a cabo. Días después de sus declaraciones, y tras mantener una reunión con los principales representantes de las comunidades islámicas, el ministro rectificó y aseguró que el Gobierno no establecería ningún control.

LA LOCE, PARALIZADA

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El Consejo de Ministros aprobó a finales de mayo el decreto que paralizaba la entrada en vigor de los aspectos más controvertidos de la Ley Orgánica de Calidad Educativa (LOCE) , como el establecimiento de itinerarios en enseñanza secundaria o el tratamiento de la religión en los planes de estudio, aclarando que la Ley seguía en vigor. De este modo, se aplaza dos años la entrada en vigor de los puntos más polémicos que generó la aprobación de la ley y los docentes saben a qué atenerse al menos durante ese tiempo.

LA ESPINOSA NEGOCIACIÓN AGRÍCOLA

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Elena Espinosa debutó en Europa ante tres ‘victorinos’ de cuidado: los mercados del algodón, el aceite y el tabaco. Los ministros de Agricultura y Pesca de los Quince alcanzaron un acuerdo sobre la reforma de la Organización Común de Mercado de estos productos. España era el país más afectado y sus intereses sufrieron un revolcón al rechazar la ministra los 20 millones de euros que el comisario Franz Fischler ofrecía. Finalmente el Comité Especial de Agricultura de la Unión Europea aceptó las últimas demandas de España , es decir, lo mismo que rechazó inicialmente.

SEGURIDAD

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Las principales medidas del ministerio correspondiente, que amagó con cambiar su denominación, se han diluido con el terrorismo islamista como trasfondo.

El ministro José Antonio Alonso ha abordado la unificación del mando de la Guardia Civil y la Policía. Situar a una persona al frente de un mando único para la Policía Nacional y la Guardia Civil era una de las grandes promesas del PSOE en la campaña electoral. Sin embargo, Interior decidió crear un órgano colegiado para coordinar las actuaciones de ambos cuerpos, muy parecido a lo que ya existía.

EL IVA DE LOS DISCOS

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Cada paso de la ministra Carmen Calvo ha provocado ríos de tinta y elevado los decibelios de las protestas. Primero anunció a bombo y platillo una rebaja del IVA en los productos musicales del 16% a un 4% y en los escritos a un 1%. Pero la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, tuvo que rectificarla, ya que, según se encargó de señalar la Comisión Europea, los estados no tienen la opción de aplicar estos tipos reducidos. Después, los relevos al frente de museos y patronatos avivaron la polémica.

LA HORA DE IR A COMPRAR

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El ministro José Montilla nadó entre dos aguas en el asunto de los horarios comerciales. Mantuvo una reunión con el conseller de Comercio, Turismo y Consumo, Pere Esteve, para pactar una fórmula que limitase la liberalización de horarios comerciales aprobada por el gobierno del PP y que debería entrar en vigor en 2005. Una de las propuestas era la de reducir de 12 a ocho los festivos que podían abrir los comercios. Solbes rectificó finalmente a su compañero de Gobierno al considerar que un buen mínimo podría ser el actual, "ya que la población se ha adaptado a esa realidad, que está funcionando bien".

El Mundo
25/07/2004


(Doc. 153) Puertas abiertas 


El retorno de la política resume lo que han sido los primeros cien días del Gobierno de Zapatero. Durante su mandato, Aznar había ido imponiendo a su partido, al Parlamento y a la sociedad en general una idea restrictiva, cuando no sospechosa, de la política. El mensaje era: no se preocupen de la política, que ya me ocupo yo. Y el objetivo: una sociedad desmovilizada, que se limitara a votar cada cuatro años. Con la llegada de Zapatero, la atmósfera ha cambiado radicalmente. Su primera y principal decisión, el retorno de las tropas de Irak -tomada, como quien dice, al cruzar el umbral de La Moncloa-, tenía un objetivo muy concreto: demostrar que el voto servía para algo. Y era al mismo tiempo un compromiso con la voz de la calle.

Desde entonces, Zapatero ha ido abriendo las puertas que Aznar había cerrado: ha reconstruido las relaciones con Cataluña y el País Vasco; con la vieja Europa, representada por Francia y Alemania, y con Marruecos, en un reconocimiento de que la política actual tiene una complejidad incompatible con la lógica simplista de buenos y malos. Y ha hecho del Parlamento un lugar donde el Gobierno debe explicar sus iniciativas y someterse a la crítica de la oposición.

La celeridad con que cerró la cuestión de las tropas en Irak puso al presidente Zapatero desde el primer momento en el centro del debate internacional, y también de algunas iras. Justo cuando el fracaso estadounidense allí conducía a cierta reconstrucción del multilateralismo. La disposición de Zapatero ha permitido desencallar la Constitución europea y contribuido a recuperar complicidades en la Europa ampliada. El refuerzo de la concertación con Francia y Alemania debería dar resultados, por ejemplo, en la lucha antiterrorista sin caer en sumisiones alternativas a la que Aznar practicó con EE UU. La distensión con Marruecos permite afrontar con mayor serenidad los problemas del Magreb, pero nos coloca ante la asignatura casi imposible del Sáhara. Sin sueños de grandeza, pero con realismo y voluntad de diálogo, Zapatero ha ido resituando la política exterior en el marco tradicional de centralidad y lealtad europea del que Aznar la sacó. Entre las tareas pendientes está la de engrasar la relación con EE UU, que rechina en exceso.

En política interior se han primado las acciones de reafirmación y protección de los derechos de los ciudadanos, conforme a la idea de la libertad como ausencia de dominación, de la que Zapatero ha hecho bandera ideológica. Las políticas por la igualdad de la mujer con un Gobierno por primera vez paritario, la ley contra la violencia de género o el reconocimiento de derechos de los homosexuales forman parte de esta apuesta por una sociedad abierta, en que los ciudadanos sean lo más dueños posible de sus proyectos vitales. La consagración de la laicidad del Estado, con el fin de determinados privilegios religiosos, debería ser la culminación de este proceso.

Zapatero, convencido de que fuera del capitalismo no hay salvación, ha optado por un continuismo básico en la política económica, aunque colocando las urgencias del gasto social por encima del déficit cero que Aznar convirtió en su horizonte ideológico supremo. El aumento del salario mínimo o actuaciones en materia de pensiones y de sanidad tienen que ver con esta política de modelo ortodoxo con correcciones.

En su discurso de investidura, respondiendo a la realidad de una mayoría parlamentaria muy expresiva de la pluralidad de España, Zapatero abrió la puerta a las reformas estatutarias y constitucionales. Por primera vez en la transición se ha aceptado la revisión del Estado autonómico y su adecuación a los cambios habidos en estos 25 años. Es un desafío de envergadura que requerirá una gran lealtad entre Gobierno y nacionalismos periféricos para que pueda culminarse con éxito. De momento ha servido para crear una cierta distensión. Se está empezando a hablar sin restricciones de partida. Cada cual debe asumir sus responsabilidades para evitar frustraciones innecesarias. La España plural, que empezó como consigna, parece concretarse en un segundo proceso de descentralización.

Los cien primeros días muestran sobre todo un nuevo estilo, que tiene algo de cambio cultural, en la manera de hacer y entender la política. En este marco, las discrepancias producidas en el seno del Gobierno forman parte de un concepto de la política que nada tiene que ver con "el que se mueve no sale en la foto", propio de los Gobiernos precedentes. Una de las novedades de estos cien días la ha aportado precisamente la oposición. Por primera vez no se ha respetado la tregua inicial que siempre se da al que llega. Frustrada y resentida por una derrota inesperada, la oposición ha elevado el tono contra el Gobierno desde el primer día. La entrada en escena de la comisión de investigación ha hecho perder el oremus al PP, empeñado en inventar delirantes relatos para intentar esconder sus errores. Han sido cien días sin gracia. Pero el Gobierno ha entrado bien. El clima político es más respirable. Ahora queda por ver qué ocurrirá a la hora de la verdad: cuando detrás de cada puerta abierta en estos cien días aparezca una tensión, un conflicto, una necesidad de decir que "no". Pero esto es precisamente la política democrática: la negociación de los conflictos que se dan en una sociedad compleja.

El País
25/07/2004


(Doc. 152) ¿Penélope vive en Galiza? 

Xosé Estévez - Historiador

Na miña mocidade ben alongada parolaba co meu pai, criado entre fames, invernías e traballos, home tranquilo, pacífico, de poucas palabras e de humor retranqueiro. Contábame que pola bisbarra de Quiroga (Lugo) presentábase un diputado cuneiro, coido que se apelidaba Lledó. Sempre saía elexido, porque os comicios amañábanos os caciques de turno, pero os electores non coñecían. Así se explica que en certa ocasión un cuneiro, no fervenza dun mitin, prometeulle ós ouvintes que se saía elexido lles faría unha ponte. Un desnortado espectador espetoulle: «¡pero se non temos un río!». O orador non ficou estantío e deseguida respostou: «¡Tamén traerei o río¡».

A mediados do século XIX un diputado, Victoriano Ametller, denunciaba que nun pobo ourensán deberan votar hasta os mortos de varias xeneracións, pois o censo contaba 250 persoas con dereito a exerce-lo e na furna apareceran máis de 700.

O pucheirazo segue a estar á orde do día e explica que una rioxana represente a Galiza no Parlamento europeu no canto de Camilo Nogueira, do BNG. Iste feito aconteceu coa axuda do voto de numerosos galegos que lle deron a representación, votando ó PP, e co beneprácito de Xunta Electoral Central que deu por boas as maniobras fraudulentas do PP, adxudicándolle votos do falanxismo en varias cidades do estado, entre elas Madri, o que, por outra banda non é extrano, poi irmáns xemelgos ideolóxico e cuspidiños na fasquía de deturpar a democracia. E non val decir que a xuntanza con CIU e PNV lle restou adhesións ó BNG, pois grazas ós socios da coalición, sobre todo ó PNV, salvouse en certa maneira o pelexo. En Galiza hai moito voto secuestrado e o fraude electoral reviste moitos xeitos. Un deles é o carrexo de voto ancián en autobuses e taxis e outro, moi utilizado no meu pobo consiste en que o alcalde, ATS, e algún dos concelleiros, entre os que abondan os médicos, visiten nos seus domicilios dous días antes ós electores, a maioría anciáns, para entregarlle o sobre e «presiona-los» a participar nos comicios.

Cando un chega de vacacións, sempre escoita a mesma cantinela: «os vascos e cataláns sí que saben o que fan. Eles votan a partidos do seu que saben defende-los». Dende fai 35 anos sempre asistín ó Día da Patria galega, 25 de xullo, agás en 1999 e no 2003 por forza maior, a doenza da miña filla, o ben máis prezado que teño niste mundo cane e estou hasta o carallo de ouvir decote ise laio. Estou dacordo en que existen en Galiza unha eivas históricas, que son moi difíciles de ralbar en pouco tempo, pero o nacionalismo ten que rachar o valado que atranca o paso do nacionalismo sociolóxico ó político. Xa non me valen tantos argumentos xustificatorios no adral do siglo XXI. Quizabes me atope nun intre moi pesimista da miña existencia, pero advirto que moitos galegos son masoquistas e precisan un sheriff que lles ameace co colt 45 ou un cacique que lle dea pastroxadas no pescozo coma os coellos. Por veces matino que alguns pobos teñen os gobernos que se merecen, aíanda que poida semellar unha frase fascista.

Estamos no século XXI e xa é hora de ir espabilando. !Os tempos xa son chegados!. !Galiza coma en Irlanda erguete e anda! Son frases escritas por dous grandes homes da cultura galega, Pondal e Brañas, xa no seculo XIX. !Onde vai a data!

Deveñen tamén moi inquedantes os resultados dunha enquisa realizada pola seción sociolíngüística da Academia Galega, segundo a que a xuventude non ten bon concepto do uso da língua galega, asimilándoo a paletismo.

Penso que o Pobo Galego é un caso único no mundo. Non hai outro que faga máis por desaparecer no mar da historia e ir máis en contra do seu. E, sen embargo, non conquire autodisolverse, aínda que tenta o máis posibel face-lo.

Aínda somos capaces de solidarizarnos cos inxustamente ilegalizados doutros pobos, como honrosamente fixo Nos-Unidade Popular con HZ.

Dubido, nos intres de reflexión, se Galiza non estará enmeigada polo mito de Penélope, que desfacía de noite o que tecía de día, para manter a fidelidade ó esposo ausente. Pero o problema é saber a quén mantén Galiza fidelidade. Para os que levamos máis de coarenta anos esperando o rexurdimento resúltanos desesperante, aínda que xa sabemos os historiadores que a vida dunha persoa é unha pinga de orballo no inmenso mar da historia dun Pobo. Lembramos a cotío iste maxistarl poema dun gran vate galego, Xosé María Díaz Castro, casado con unha Bengoetxea, de Urretxua, mesmamente titulado: «Penélope»:

«Un paso adiante e outro atrás, Galiza,/ i a tea dos tesus sonos non se move./ A espranza nos teus ollos se esperguiza./ Aran os boi e chove./

Un bruar de navíos moi lonxanos/ che estrolla o sono mol coma unha uva./ Pro ti envólveste en sabas de mil anos,/ i en sonos volves a escoitar a chuva.

Traguerán os camiños algún día/ a xente que levaron. Deus é o mesmo./ suco vai, suco vén, Xesús María!,/ e toda cousa ha de pagar o seu desmo.

Desarbollando os prados coma sono,/ o Tempo vai de Parga a Pastoriza./ Vaise enterrando, suco a suco, o Outono./ Un paso adiante i outro atrás, Galiza!».

Como asenlla o refrán: «na casa do pobre a esperanza é o último que se perde», e Manolo Irixoa, amigo meu de Trintxerpe, robora que iremos de derrota en derrota deica a victoria final. -

Gara.Net
25/07/2004




(Doc. 151) «La UE y EE.UU. nos dijeron que nos olvidáramos del referéndum» 

 


Marruecos pide a España, Francia y Estados Unidos que «coordinen posiciones» y ayuden a las Naciones Unidas a encontrar una solución para el Sahara
A. S./

RABAT. Marruecos insiste en que no quiere dejar de lado a las Naciones Unidas en la búsqueda de una solución para el Sahara. «El paso por la ONU es una necesidad porque en ella está la legalidad», afirmó el ministro delegado marroquí de Exteriores, Tayeb Fasi Firi, quien pidió que España, Francia y EE.UU. «se coordinen y apoyen los esfuerzos de la ONU» para impulsar un acuerdo.

El número dos de la diplomacia marroquí insistió en que es necesario «un compromiso en el que no haya vencedores ni vencidos». Un acuerdo que pasaría por el olvido del referéndum previsto por el plan Baker en la ONU. Y que podría adquirir la forma de una consulta a «la población concernida» sobre la eventual autonomía que se le podría conceder a la región.

De esta forma el anterior referéndum sobre la integración sería sustituido por otro sobre la autonomía, en el que, como siempre dicen las autoridades marroquíes, «se tenga siempre en cuenta la integridad territorial marroquí». Es decir, una consulta en la que quede completamente descartada cualquier perspectiva de independencia o escisión saharaui.

Refugiados

Eso sí, dentro de «la población concernida» estarían incluidos los refugiados, explicó Fasi Firi, quien señaló que, en total, serían unos 34.000 adultos.

El ministro delegado de Exteriores, sin embargo, deja caer que el entierro del plan Baker -y de su referéndum- no ha sido exactamente provocado por Marruecos, sino que más bien ha sido idea de los amigos europeos y norteamericanos.

«La gente nos dijo: olvidaros del referéndum». ¿Qué gente?, preguntamos. «La Unión Europea, tomada en general, y Estados Unidos», responde Fasi Firi, quien explica que tales sugerencias las hicieron «sólo unos meses después de la entronización de Su Majestad Mohamed VI».

Subraya que la autonomía que se le podría conceder al Sahara estaría inspirada en fórmulas similares ya aplicadas en Europa y, más exactamente, «en un país geográficamente muy cercano a nuestro territorio». E insiste en que la concesión de tal autonomía previa consulta cumpliría con el requisito de respetar el principio de autodeterminación.

ABC
25/07/2004



(Doc. 150) ELEMENTOS PARA LA SOLUCIÓN DEL SAHARA 

 
A. RAMOS-YZQUIERDO ZAMORANO, teniente general retirado/

El rechazo a la aplicación del plan Baker II para el Sahara Occidental pone de nuevo sobre el tapete la cuestión saharahui. Es difícil creer que Baker pudiera encontrar una fórmula que satisfaciera las aspiraciones de los dos bandos, pero habría valido la pena intentar su aplicación, pues, tal vez, al terminar su primer periodo de aplicación, algunas de las dificultades existentes actualmente se habrían solucionado.

Pero, como se trata de empezar de nuevo, habrá que volver a considerar los factores que participan en la cuestión.

El primero, un territorio, la antigua colonia española del Sahara Occidental. Este factor continúa invariable: su extensión y sus riquezas siguen siendo conocidas desde hace tiempo.

A continuación, tres poderes políticos directamente implicados: Marruecos, el Frente Polisario y España. Luego, la ONU, como árbitro reconocido por las tres partes, y tres naciones con una gran influencia: Argelia, Francia y Estados Unidos.

El factor último, el más importante, es una población, la saharaui, con una entidad sin determinar cuantitativamente y con características próximas a las de la población del sur de Marruecos y Argelia, tanto étnicas como culturales y religiosas.

Estos factores que, al final, se reducen a dos, población y territorio, son los que habrá que combinar para conseguir un acuerdo que contente a todas las partes.

A vueltas con el censo

La población saharaui ha sido, hasta el momento, el mayor escollo para llegar a una solución -aunque fuera de compromiso- por su negativa a aceptar el censo de la ONU que tomaba como punto de partida el español de 1976. El censo es el nudo gordiano del problema, y la dificultad para realizarlo viene dada por las fronteras artificiales que se establecieron en el momento de la colonización.

Los nómadas que habitaban en el Sahara Occidental no tenían como límites meridianos y paralelos, sino que su territorio estaba determinado por unas costumbres que asignaban determinadas zonas de pasto a las tribus: una costumbre con fuerza de ley. Estas zonas venían marcadas por la posibilidad de que en alguna parte de ellas lloviera en el curso del año, lo que daba lugar al traslado de la tribu hacia la zona de pastoreo. Eran áreas que rebasaban ampliamente hacia el este, norte y sur las fronteras actuales del Sahara Occidental.

Cuando España y Francia acabaron con el nomadismo y lograron que la población fuese cada vez más sedentaria, unos quedaron en territorio marroquí, otros en tierra mauritana, otros en zona argelina, e incluso en Mali, al tiempo que una gran parte quedaba en territorio administrado por España. El censo español comprendía, sobre todo, a la población que, de una manera más o menos fija, eligió vivir en lo que se llamó Sahara Occidental, lo cual no quiere decir que los que se asentaron en otros territorios próximos no fuesen también saharahuis. De ahí la dificultad para realizar un censo fiable. A esta dispersión de la población se une la necesidad de hacer compatibles los acuerdos y contratos de cada una de las administraciones de los países en que vivía esta población con conceptos diferentes en cuestiones de familia y parentesco. El nuevo censo de la ONU de 1999 ha tenido grandes problemas. Hoy, este censo queda de nuevo obsoleto, pero se podría tomar como base de partida de una solución para por todos.

No hay solución militar

El Frente Polisario no tenía un porvenir muy claro cuando aceptó el plan Baker como base de discusión. La exigua parte de territorio del antiguo Sahara Occidental en su poder, el hacinamiento de su gente en campamentos insalubres, y la relativa despreocupación de Argel -con problemas internos más acuciantes- junto con la apertura de horizontes que viajes y estudios han proporcionado a la juventud saharaui, le empujaba a salir del callejón sin salida en que se encontraba, pues la solución militar no es posible ni en el pensamiento más optimista.

Marruecos, que también tiene problemas internos, aglutina a su población en un ideal nacionalista ante el problema de lo que ellos llaman sus «provincias del sur». Le favorece el hecho de que, en virtud de los acuerdos de Madrid y la retirada de Mauritania, está en posesión de la mayor parte del territorio, desde luego la más rica.

Su mantenimiento le obliga no sólo a un esfuerzo militar, sino también a otro económico para favorecer a la población saharaui mediante la construcción de infraestructuras, viviendas gratuitas, exenciones de impuestos y diversas ayudas financieras y culturales con la clara finalidad de asegurarse su adhesión. Para ello cuenta también con una baza muy importante: el Rey de Marruecos es también el jefe espiritual de los saharauis.

El Gobierno marroquí está convencido de que el paso del tiempo juega a su favor y desanima a los saharahuis, como lo demuestra la deserción de alguna figura importante del Polisario. Tiene la certeza de que estas deserciones irán en aumento. Y por ello no le corre ninguna prisa aceptar un acuerdo, apoyado como está por Estados Unidos y Francia que le consideran una pieza clave en el tablero político del Magreb.

El otro factor, el terreno, es el sujeto pasivo, que admite la solución que se busque. Sólo queda después la tarea de convencer de la bondad de esta solución a los componentes activos. En principio, marroquíes y polisarios reclaman la totalidad del territorio de la antigua colonia, y no aceptan su división, que ya fue planteada con una línea de separación desde el norte de Villa Cisneros hasta el sur de Guelta Zemmur.

Esta separación dejaba para Marruecos la zona rica, le aseguraba los fosfatos de Bu Craa y, muy probablemente, los yacimientos petrolíferos. Al sur quedaba la antigua zona de los Ulad Delim que podría servir para el nomadeo, si es que este modo de vida aún puede ser adoptada por los saharauis, lo que parece muy improbable. Al sur habría también alguna riqueza pesquera en la costa... y nada más. La vida en esta zona reduciría a la población saharaui a una situación de pobreza aun mayor que la de los mauritanos. Tal división del territorio sería injusta.

Y si no se divide el territorio, queda como única salida la solución política. La más viable es una autonomía dentro del Reino marroquí. Los grados de tal autonomía serían las bazas a discutir, pero modelos los hay abundantes: las autonomías españolas, los «lander» alemanes, los Estados norteamericanos... El plan Baker plantea la celebración del referéndum dentro de esa autonomía tras un número no muy largo de años. Es indudable que en ese momento el censo podría ser mucho más fiable, como lo es que podría verse favorecida la captación de voluntades por Marruecos para sus tesis, pero ése es el riesgo que tendría que correr el Frente Polisario a cambio de la salida del agujero de Tinduf.

El inconveniente de esta solución es que Marruecos no quiere oír hablar de la posibilidad de independencia de estos territorios, aunque la probabilidad de perder el referéndum al cabo de cinco o diez años sea remota. Motivo por el que la ONU y las naciones con influencia en la zona tendrían que hacer denodados esfuerzos para convencer a los marroquíes de la conveniencia de aceptar tal solución.

Papel de España

España, cuyo interés estratégico está en un Magreb en paz y desarrollado económica y políticamente, puede y debe colaborar con la ONU en los esfuerzos por hallar una solución viable. Al fin y al cabo, España devolvió la administración de la colonia a la ONU. Pero sería un error creer que tenemos alguna deuda contraída con la antigua población del Sahara Occidental. Les dimos todo lo que pudimos y, en un momento complicado para la situación interna española, nos rechazaron. No son creíbles las protestas actuales de amistad, lo que no impide que, ahora como entonces, intentemos mejorar las condiciones de vida del pueblo saharaui.

Francia, con grandes intereses económicos y culturales en Marruecos, no ha variado su postura de apoyo incondicional a las intenciones marroquíes. Y no hay por ahora ningún indicio de que, en un futuro próximo, pueda cambiar.

Por otro lado, el apoyo de Marruecos a la posición norteamericana en Oriente Próximo induce a Estados Unidos a considerar al Reino alauí como un aliado privilegiado. A la vez que intenta favorecer los tímidos intentos de la Monarquía marroquí de conducir su país hacia un régimen lo más parecido posible a una democracia occidental, sin que tal viaje provoque una desestabilización que convierta el norte de África en otro polvorín y fuente de terrorismo. El hecho de que Baker se haya retirado del escenario indica, quizás, la percepción por Estados Unidos de que el problema no tiene la capacidad de desestabilizar la zona y que, además, la idea musulmana del tiempo tiene poco que ver con la del mundo occidental.

ABC
25/07/2004

 


(Doc. 149) El nuevo «talante» marroquí 

Marruecos lanza una ofensiva de encanto para reconciliarse ante la opinión pública española después de que el Gobierno de nuestro país diera por enterrado el plan Baker -y su referéndum- para el Sahara. Conseguido el objetivo, ahora toca ser buenos amigos. Hasta la siguiente

ALBERTO SOTILLO

RAB AT. Las autoridades marroquíes no son nada dadas a la Prensa. Sin embargo, durante dos días, un grupo de periodistas españoles hemos vivido al frenético ritmo que imponía una media diaria de cinco entrevistas con ministros, incluido el jefe del Gobierno, Driss Yetú. Además, de una cena con lo más selecto del mundo de los negocios y de la Prensa. Todo ello en un permanente ir y venir entre palacios y sensacionales residencias rara vez abiertas a forasteros.

Hay que reconocer que se han volcado. Sus discursos eran agotadores, cargados de circunloquios evasivos. Pero por algo hay que empezar. También hubo un tiempo en el que la OTAN celebraba una rueda de Prensa al año, y ahora casi pasa lista para que no falte ninguno de «sus» periodistas.

La ofensiva de encanto de Marruecos, sin embargo, no parece que tenga que ver con ninguna nueva estrategia informativa. Más bien era evidente el esfuerzo oficial por reconciliarse ante la opinión pública española después de que el Gobierno de nuestro país dé por enterrado el plan Baker y les permita así consolidar su soberanía sobre el Sahara. Ahora toca enterrar los cuchillos, y recordar que los buenos vecinos están obligados a llevarse bien.

Después de tanta entrevista con la autoridad, ya casi podíamos improvisar nosotros mismos el nuevo discurso alauí. Empieza por la proclamación de que «no hay marcha atrás» en el proceso de reformas. Continúa por la reafirmación de «la especificidad del modelo marroquí» para la democracia.

Llega después la queja por los prejuicios de tantos españoles a la hora de valorar la realidad de Marruecos. La reafirmación de la voluntad de cooperar en la lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal, que tanto preocupan a nuestro país. La glosa de dos vecinos condenados a convivir hasta la eternidad. Y la enfática recomendación de que los periodistas seamos más positivos para ver si así superamos viejas rencillas.

Es el nuevo talante con el que Marruecos quiere abrir una nueva etapa en sus relaciones con España. Otro rasgo del régimen, no obstante, se nos revela en estos días. El tiempo no existe para los gobernantes marroquíes. Una respuesta se puede prolongar durante 30 minutos de circunvoluciones que atraviesan periodos de calma, de tormenta, de tedio y de gran brillo.Ese mundo sin prisas viene muy a cuento de los últimos acontecimientos que han rodeado el cambio de actitud marroquí. El régimen ha aguantado impertérrito casi 24 años hasta conseguir enterrar la idea del referéndum para el Sahara. Y no tiene reparos para esperar todos los años que haga falta hasta que la propia ONU bendiga de una vez por todas su soberanía sobre el Sahara.

Sus interminables circunloquios terminan siéndoles de gran rentabilidad. Cuentan con que el tiempo siempre juega a su favor. Ahora vivimos un momento dulce en su discurso. Aunque nunca olvidan su objetivo. En estos momentos toca hablar «sin agresividad», pero la consolidación de su soberanía sobre el Sahara no les impide avisar de que suscitarán de nuevo la cuestión de Ceuta y Melilla, «sin acritud». El circunloquio pasa de un talante a otro, pero nunca olvida su objetivo final.

El áulico mundo en el que hemos vivido estos días, sin embargo, no deja de ser una isla en un entorno mucho más turbulento. Más allá de la amena sombra de los palacios late también una sociedad golpeada por el paro, atenta al integrismo religioso, tal vez más deseosa de nuevos horizontes que de efusiones nacionalistas. Y para la que sí que cuenta el tiempo.

ABC
25/07/2004

 

(Doc. 148) EL SAHARA OCCIDENTAL: UN CONFLICTO QUE NO CESA 

 
Por FERNANDO ARIAS-SALGADO Embajador de España

 TODO parece indicar que el Gobierno del PSOE presidido por el señor Rodríguez Zapatero se dispone a intentar, en un ejercicio de voluntarismo político, resolver, con una fórmula imaginativa, el enquistado conflicto del Sahara Occidental. Esta voluntad política es, en mi opinión, encomiable y a priori debería ser apoyada por la opinión pública española, tan sensible ante este tema.

Como es sabido, España, potencia «colonial» primero desde finales del siglo XIX y potencia «administradora» después, cuando el Sahara Occidental fue declarado «territorio no autónomo» por las Naciones Unidas, asumió ante la comunidad internacional el compromiso solemne, «la misión sagrada de civilización», de proteger los intereses de la población saharaui y desarrollar sus instituciones políticas para conducirla hacia la «plenitud del gobierno propio» (art. 73 de la Carta de las Naciones Unidas).

Es un hecho notorio que este compromiso se incumplió el 14 de noviembre de 1975 con la firma por el último Gobierno del régimen de Franco de los llamados «acuerdos de Madrid» con Marruecos y Mauritania. Las circunstancias políticas internas españolas y el contexto internacional de «guerra fría», que prevalecía en esa época en los procesos de descolonización dirigidos por las Naciones Unidas, «forzaron» la retirada unilateral de España del Sahara Occidental. Esta retirada, que se consumó el 26 de febrero de 1976, dejó sin resolver desde el punto de vista de la legalidad internacional vigente en las Naciones Unidas el futuro del territorio, al no haberse podido celebrar por las razones antes señaladas el referéndum de autodeterminación previsto en las Resoluciones de la Asamblea General de la ONU.

La guerra que se desencadenó a continuación entre Marruecos y Mauritania por un lado, y el Frente Polisario apoyado por Argelia por otro, duró, con altos y bajos, quince años; dispersó a la población saharaui y provocó daños incontables a la economía de las partes contendientes, así como miles de víctimas inocentes. El enfrentamiento entre Marruecos y Argelia durante estos años provocó una inestabilidad permanente en el Magreb e incidió en el proceso de integración regional africano, consagrando una rivalidad y una desconfianza profundas entre ambos países vecinos que se ha mantenido hasta la fecha.

Desde el alto el fuego entre Marruecos y el frente Polisario en el año 1991, los Secretarios Generales de la ONU han intentado solucionar este conflicto «territorial», que contrapone en África el derecho de autodeterminación de las «poblaciones originarias» del Sahara Occidental con los derechos «históricos» alegados por Marruecos para justificar en su día la Marcha Verde, la guerra, la ocupación subsiguiente y la anexión de facto del Sahara Occidental, al que oficialmente se califica de «provincias del sur».

El conflicto originario sigue, por tanto, vigente en la actualidad, hasta el punto de que la negativa de Marruecos a aceptar el Plan Baker II se ha basado esencialmente en su rechazo a la opción «independencia» contenida en el referéndum previsto al final del periodo de autonomía saharaui de cuatro años.

En este complejísimo contexto internacional e interno, la posición española desde 1976, calificada como de «neutralidad activa», había conseguido, con sucesivas adaptaciones a la realidad, conciliar, sin perjuicio de la existencia de pequeñas crisis «controladas» en sus relaciones bilaterales con Marruecos, su apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui con sus intereses esenciales, políticos, estratégicos, económicos, comerciales, culturales, etc...

La agresión terrorista a los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, al cambiar el contexto internacional con la aparición de un nuevo elemento -el terrorismo islámico radical- que afectaba a la seguridad de todos los Estados del Magreb (Casablanca, 16 de mayo de 2003), añadió una dificultad más a los esfuerzos de las Naciones Unidas para aplicar a este conflicto la legalidad internacional. Desde esta perspectiva, los «riesgos» de aplicar la primera fase del Plan Baker II han contribuido, sin duda a fundamentar el rechazo de Marruecos a la aceptación de este Plan.

En términos generales esta era la situación de la que se partía cuando se produce la dimisión del señor Baker, por causas todavía no aclaradas oficialmente. En cualquier caso esta dimisión demuestra que los Estados Unidos, árbitro indiscutible en este conflicto en el contexto internacional actual, han renunciado, como solicitaban, el Secretario General de las Naciones Unidas y el propio Baker, a «imponer políticamente» a Marruecos el Plan de Paz Baker II, a pesar de la aceptación del mismo por parte del Frente Polisario y Argelia. Ello demuestra, en mi opinión, que Marruecos tiene hoy por hoy la llave de cualquier acuerdo sobre el Sahara Occidental que intente modificar el statu quo actual, y que por lo tanto cualquier propuesta o iniciativa sobre esta cuestión para poder prosperar debe ser negociada con Marruecos, teniendo en cuenta la legalidad internacional vigente las resoluciones del Consejo de Seguridad y la política interior de regionalización marroquí con las reformas democráticas impulsadas por el Rey Mohamed VI.

España ha contribuido decisivamente, tanto en el Consejo de Seguridad como bilateralmente, en la formulación de una política de firmeza pero también de prudencia, en el tratamiento de esta cuestión. En la cumbre de Marrakech celebrada el 8 y el 9 de diciembre de 2003, el comunicado conjunto aprobado por el presidente Aznar y el Rey Mohamed VI daba fe de la convergencia recíproca de las posiciones española y marroquí sobre este conflicto, con la aceptación de una solución política consensuada justa y definitiva en el marco de las Naciones Unidas y respetando la legalidad internacional. A pesar de una cierta ambigüedad en los conceptos, este texto abría una vía nueva de participación activa española en una negociación constructiva que el propio Rey de Marruecos se comprometió a impulsar.

Desde la dimisión de Baker no es descartable que Marruecos haya matizado su posición, pero en mi opinión sería un grave error no aprovechar la estructura básica del Plan Baker II para construir unas instituciones democráticas en el Sahara Occidental que permitieran al pueblo saharaui reunificado el mayor autogobierno posible en la administración de sus asuntos propios y en la gestión de sus recursos naturales. Si como decía Benito Juárez, el «respeto al derecho ajeno es la paz», en la solución de este conflicto el ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui no sería incompatible con su libre aceptación de instituciones democráticas constitucionalmente garantizadas en el ejercicio de sus competencias por el propio Rey de Marruecos. Sería una formulación jurídica competencial moderna de los vínculos históricos de «vasallaje » que con mayor o menor efectividad rigieron las relaciones de las tribus saharauis con el Imperio Cherifiano.

La democracia como marco de la convivencia pacífica entre saharauis y marroquíes, en una región con instituciones propias y garantías constitucionales adecuadas para salvaguardar su especifidad histórica, puede ser la fórmula «imaginativa» que contribuya a derribar el muro de desconfianza que hasta ahora ha impedido un diálogo sereno y constructivo entre todas las partes directa o indirectamente afectadas por este conflicto.

Si una solución «política» de estas características, o similares, que sin duda exige de todas las partes generosidad y visión de futuro, prosperase por iniciativa española en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que presidirá España el próximo mes de septiembre, quedarían en mi opinión reparadas, al menos en parte, las terribles consecuencias que tuvo y todavía tiene para una parte del pueblo saharaui refugiada en Tinduf el incumplimiento por España en su día de las obligaciones que le imponían, como potencia administradora del territorio, la Carta y las Resoluciones pertinentes de la ONU.

ABC
25/07/2004





segunda-feira, julho 19, 2004

(Doc. 147) La TRAICIÓN al PUEBLO SAHARAUI 


Cuando el Gobierno español abandonó el Sáhara en 1976 , contrajo la obligación moral de proteger a la población saharaui. Zapatero ha dado un giro de 180 grados para complacer a Marruecos y a Francia..¿Cuales son las contrapartidas que no se han contado para esta traición al pueblo saharaui?
 
Cuando el Gobierno español abandonó el Sáhara en 1976 , contrajo la obligación moral de proteger a la población saharaui. Todos los Gobiernos desde la etapa de Suárez han defendido el principio de autodeterminación. Zapatero ha dado un giro de 180 grados para complacer a Marruecos y a Francia.Podemos preguntarnos: ¿Por qué el Señor Zapatero no ha nombrado ni una sola vez el derecho de autodeterminación del pueblo Saharaui ? -¿Qué derechos podría tener Marruecos sobre el Sáhara Occidental si lo invadió el año 1975 y lo ocupa todavía hoy en contra de la legalidad internacional? El pueblo saharaui fue traicionado por España, invadido por Marruecos y Mauritania, obligado al exilio, ocupado ilegalmente por Marruecos que viola constantemente los más elementales derechos humanos, y que continúa en ésta situación desde hace casi 29 años esperando que se cumplan las resoluciones de Naciones Unidas.
 
La revista Autogestión en su número de febrero de 1996, recogía el discurso de Felipe González pronunciado 20 años antes (en noviembre de 1976) en su visita al Sahara Occidental:
 
“Hemos querido estar aquí hoy 14 de noviembre de 1976 para demostrar con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975.El Pueblo Saharaui va a vencer en su lucha, y va a vencer, no sólo porque tiene la razón sino porque tiene la voluntad de luchar por su libertad.Quiero que sepáis que la mayor parte del pueblo español, lo más noble, lo más bueno del pueblo español es solidario con vuestra lucha.Para nosotros no se trata ya de derechos de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la VICTORIA FINAL.Como parte del pueblo español, estimo vergüenza que el Gobierno no haya sólo hecho una mala colonización sino una peor descolonización, entregándoos en manos de gobiernos reaccionarios como los de Marruecos y Mauritania.Pero debéis saber que nuestro pueblo también lucha con ese gobierno que dejó en manos, al pueblo saharaui, de gobiernos reaccionarios.A medida que nuestro pueblo se acerca a la libertad, será mayor y mas eficaz el apoyo que podamos prestar a vuestra lucha.El partido esta convencido de que el Frente Polisario el guía recto hacia la Victoria Final del pueblo saharaui y está convencido también que vuestra república independiente y democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podréis volver a vuestros hogares.Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas. No prometeros algo sino comprometerme con la historia. Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”
 
El 20 de diciembre de 2001 el diario La Razón recogía las tesis mantenidas por ex presidente González y el nuevo secretario general Zapatero en su visita al Reino de Marruecos. Respecto al problema del Sahara se han aliado con las tesis alauitas del Plan Baker, que no aboga por el referéndum para la autodeterminación. En noviembre de 2001 el señor Rodriguez Zapatero se negaba a recibir al Frente Polisario para no enemistarse con Marruecos. Al tiempo que las multinacionales petroleras Total Fina, Elf y un consorcio de empresas norteamericanas están haciendo prospeciones en aguas saharauis e instalando plataformas para la extracción del crudo. Tratan de favorecer la tercera vía que promueve Baker Y Koffi Annan que permita una zona autonómica dependiente de Marruecos incumpliendo la resolución de la ONU y sirviendo a los intereses imperialistas.
 
Esto es uno de los episodios más crueles de la traición del felipismo, abandonando al pueblo oprimido saharaui en manos de los intereses del imperialismo.
 
El silencio sobre el caso del Sáhara es una gran canallada. Se ha sabido que en 1975, el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, hombre ligado a la trilateraly al club de Bilderberg forzó la retirada del territorio del Sahara " en condiciones y bajo formas penosas" y el acuerdo de Madrid para su entrega a Marruecos fue negociado junto al subdirector de la CIA, Vernon Walters (Washintong Post, 3/4/1983). Ya en los años 60 las multinacionales dedicadas a la explotación minera habían puesto sus ojos en el Sáhara occidental, país rico en importantes yacimientos de petroleo, uranio, vanadio, zinc, magnetita, oro, plomo... y los más importantes del mundo en fosfatos. El imperialismo había planificado muchos atrás su entrada en el Sáhara español, Felipe González y el Juan Carlos olvidarían sus promesas al pueblo saharaui entregándolos al gobierno marroquí sin antes concederles el derecho de autodeterminación. El 2 de abril de 1983 Felipe González recibía la primera condecoración de su carrera de manos de Hassán II de Marruecos. (Diario 16, 3/4/1983).
 
Según cuenta recientemente el diario ABC ( 29/04/2004), el embajador de Marruecos ante la ONU, Mohamed Benouna, se mostró exultante ante la llegada del gobierno socialista al poder y el giro en la política española hacia su antigua colonia. Benouna resaltó el énfasis que hizo Zapatero en Casablanca en "iniciar un diálogo intenso para llegar a un acuerdo entre las partes".
 
Para el diario de Vocento "el acercamiento a Francia y a Marruecos, uno de los ejes de la política del Gobierno socialista, empezó a cobrar cuerpo no sólo con la visita que Zapatero hizo al vecino del sur, en la que no mencionó el Plan Baker y pidió que ´no haya posturas absolutamente irrenunciables´, sino en el Consejo de Seguridad de la ONU".
 
Según el ABC, la postura mantenida por España fue una rotunda sorpresa para algún embajador árabe y para los representantes del Polisario. Los representantes españoles no hicieron mención al plan elaborado por el ex secretario de Estado James Baker.
 
Ahmed Bujari, representante del Polisario ante la ONU, no ocultaba su desazón ante lo que calificó de "giro anunciado públicamente por los nuevos gobernantes españoles. Ya ni siquiera se refieren al Plan Baker y lo sustituyen por un llamamiento que es la cuadratura del círculo: un gran acuerdo entre las partes".
 
Y en estos días de julio se confirma el viraje de la política exterior española sobre el Sáhara, pasando a estar alineada con los intereses de Marruecos. Zapatero sugirió que el Plan Baker está muerto, porque hay partes -en referencia a Marruecos- que no lo aceptan y considera que no es necesaria ya la consulta sobre la autodeterminación. Moratinos ha defendido que la celebración de un referéndum era inoportuna porque podría constituir una provocación para el Ejército marroquí. Y abogaba por un "afrancesamiento" de nuestra política en el norte de África (EL MUNDO , 15 de julio de 2004)
 
Solidaridad.net
 
 

quinta-feira, julho 15, 2004

(Doc. 146) España plural en serio  


ALBERT BRANCHADELL

Albert Branchadell es profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona y presidente de Organización por el Multilingüismo.

En el debate de investidura José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió a hacer todo lo posible por incluir el catalán en la Constitución europea. En cumplimiento de esa promesa, el Gobierno español solicitó que el artículo que enumera las 20 lenguas oficiales de la Unión Europea, además del gaélico irlandés, incluyera también a las lenguas españolas que son oficiales en diferentes comunidades autónomas de acuerdo con sus estatutos. Como es sabido, ese objetivo no se ha logrado, y el único beneficio del que gozarán el catalán/valenciano, el gallego y el euskera es una traducción de la Constitución, previa solicitud del Gobierno.

En un análisis a corto plazo, todos los que habían confiado en Zapatero tienen razón de sentirse defraudados, pero con un poco más de perspectiva el fracaso es un hito histórico: ningún Gobierno anterior, ni durante las negociaciones para la adhesión de España, ni al hilo de las sucesivas ampliaciones de la Unión, solicitó nunca el reconocimiento para el catalán/valenciano, el gallego y el euskera que se ha solicitado hogaño.

Más allá del hito histórico, la disposición de Zapatero a introducir el catalán/valenciano, el gallego y el euskera en las instituciones europeas incide de modo palmario en un debate que se ha abierto en la nueva etapa política de España, que no es otro que el del reconocimiento de las lenguas diferentes del castellano en las instituciones españolas. Plantear la posibilidad de que los ciudadanos españoles de lengua catalana/valenciana, gallega o vasca pudieran dirigirse a las instituciones europeas y recibir respuesta de ellas en su lengua propia nos recuerda que esos ciudadanos no gozan de ese derecho respecto a las instituciones centrales de su propio Estado. A día de hoy, la única institución central del Estado que admite escritos en lenguas españolas diferentes del castellano es el Senado, según un método pintoresco: si un ciudadano de Barcelona se dirige en catalán/valenciano al Senado, el Senado remitirá el escrito al Parlamento de Cataluña, sito en Barcelona, que lo traducirá al castellano y lo devolverá a Madrid, para que la Cámara alta pueda responder al ciudadano... en castellano.

Sin menoscabo de los esfuerzos que habrá de seguir ejerciendo el Gobierno para acercar el catalán/valenciano, el gallego y el euskera a la condición de lenguas oficiales de las instituciones europeas, parece llegado el momento de abordar con seriedad la posición de esas lenguas en las instituciones españolas. No hay que ver ahí ninguna concesión a nacionalismos exacerbados; se trata más bien de una exigencia democrática. En un primer nivel, Zapatero debe dar concreción en lo lingüístico al concepto de "España plural" con que se alzó victorioso (especialmente en Cataluña) el 14 de marzo; en un segundo nivel más profundo, se trata de arbitrar las medidas de acomodación características de las democracias plurilingües avanzadas (como Bélgica, Suiza o Canadá).

La promesa hecha por Zapatero se enfrentaba a unos plazos muy breves y a unas dificultades políticas de mucha enjundia; introducir el plurilingüismo en España está libre de ambos escollos. En cuanto al tiempo, tenemos toda una legislatura por delante, y en cuanto a los acuerdos, existe una mayoría en el Congreso de los Diputados como mínimo tan amplia como la que permitió la investidura del presidente del Gobierno. En este punto no deberíamos descartar el apoyo del Partido Popular. No olvidemos que el término "España plural" lo lanzó el PP en 1999, presentando una ponencia con ese título en su XIII Congreso Nacional. Y no olvidemos tampoco que el PP contribuyó a la unanimidad con que distintos parlamentos autonómicos se dirigieron al Congreso en la pasada legislatura con la demanda de que los sellos españoles incorporen todas las lenguas de España.

¿Cómo debería articularse este proceso? Aunque la expresión se ha devaluado en los últimos meses, lo que necesita el plurilingüismo en España es una hoja de ruta que, con el máximo consenso, fije las metas que se desean conseguir, los plazos y acaso también las razones, para acallar las voces que ven en la promoción de las lenguas españolas diferentes del castellano el mismísimo espectro de la sedición. Trazar y pilotar esta hoja de ruta sería un cometido apropiado para el Observatorio de Diversidad Lingüística, una promesa electoral del PSOE que todavía no se ha llevado a la práctica. Por suerte, la política comparada ofrece ejemplos muy desarrollados de estados plurilingües, y el mismo régimen lingüístico de la Unión Europea podría ser otra referencia a considerar.

Una primera fase en este proceso podría afectar al ámbito simbólico. Introducir el catalán/valenciano, el gallego y el euskera en las monedas de euro es un cambio que podría realizarse sin coste alguno en una próxima emisión de monedas; hacer lo propio con los sellos de correos podría hacerse mañana mismo. De hecho, en cuestión de horas Correos cambió el sello monolingüe que tenía preparado para la boda del Príncipe por uno que desea felicidades en las cuatro grandes lenguas españolas; a ese sello solo le faltó que "Correos" y "España" también apareciesen en catalán/valenciano, gallego y euskera. De hecho, el mismo nombre del Estado es uno de los primeros ámbitos que debería pluralizarse. Otro ejemplo podría ser el pasaporte, que da cancha a un sinfín de lenguas europeas y omite las lenguas españolas diferentes del castellano.

Encauzado el ámbito simbólico, sin costes significativos pero con efectos de largo alcance en el imaginario colectivo, en una segunda fase habría que abordar el plurilingüismo en las instituciones elegidas directamente por los ciudadanos, donde además ya existe un consenso emergente para hacerlo. Nos referimos al Senado pero también al Congreso, puesto que no existen sistemas parlamentarios bicamerales en que sólo una de las cámaras aplique un régimen plurilingüe. En ambos casos, el referente europeo sería instructivo: si el Parlamento Europeo funciona con 20 lenguas, ¿por qué no habrían de funcionar nuestras Cortes con solo cuatro lenguas en liza? Naturalmente, el plurilingüismo de las Cortes acarrearía el de sus publicaciones y el del Boletín Oficial del Estado, que tendría otro precedente en el Diario Oficial de la Unión Europea. Y puestos en perspectiva europea habría que planear también la regulación del derecho de petición tanto en las Cortes como en el resto de instituciones del Estado. Si Zapatero estaba dispuesto a aceptar que los ciudadanos españoles se dirigieran en catalán/valenciano, gallego o euskera al Defensor del Pueblo europeo, ¿por qué no habrían de poder hacer lo mismo con el Defensor del Pueblo español?

El régimen lingüístico de esas otras instituciones sería el objeto de una tercera fase más compleja. Aquí habría que determinar el grado y los modos de plurilingüismo de órganos tan diversos como la Presidencia del Gobierno, los distintos Ministerios o los órganos judiciales centrales, sin olvidar una institución tan emblemática como la Casa Real. Es difícil de entender, por ejemplo, que la página web de la Casa Real se pueda consultar en inglés pero no en las lenguas de una buena parte de los súbditos de S. M. el Rey, lenguas cuya existencia fue impasiblemente ocultada, por cierto, en el último enlace real.

El objetivo final de la hoja de ruta que proponemos debería ser llevar el concepto de "España plural" a sus últimas consecuencias en el plano lingüístico. Haciéndolo, España acabará abrazando un régimen de cuádruple oficialidad, que hará caer por su propio peso la oficialidad del catalán/valenciano, el gallego y el euskera en Europa. Zapatero tiene planteados muchos retos; tomarse la "España plural" en serio es acaso el de mayor calibre. Pasqual Maragall, citando la Oda a Espanya de su abuelo, lo ha dicho bien claro: España debe escoger entre los primeros versos (escuchar a los hijos que le hablan en lengua no castellana) y el último (el conocido "Adéu, Espanya!"). Y el momento de optar es ahora.

El País
15/07/2004


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